En una muestra de solidaridad y preocupación creciente, los familiares y amigos de Richard Duarte, un joven venezolano de 24 años que emigró a Estados Unidos (EE.UU.) en 2024, alzan su voz para condenar las medidas que consideran arbitrarias y deshumanizantes, Duarte, quien atravesó la Selva del Darién en busca de un supuesto «mejor futuro» para su familia, fue trasladado a una cárcel de máxima seguridad en El Salvador, en circunstancias que han causado indignación y desconcierto.
A pesar de que el joven venezolano ha sido vinculado con la extinta banda delictiva conocida como el Tren de Aragua, sus allegados defienden fervientemente su integridad y honestidad. Su padre, Alexander Duarte, manifestó «En estos momentos se encuentra en la cárcel de El Salvador engañado por los EE.UU., diciéndole que lo iban a deportar para Venezuela, el error que cometió mi hijo, como todo joven, buscando una mejora, fue emigrar«.
«Emigró a los EE.UU. pasando por todo el proceso que ellos pasan, corriendo con la suerte de que lo agarra migración, le hacen su proceso legal, ven que no tiene nada y le otorgan su permiso para trabajar en los EE. UU., queda bajo su presentación normal y en una de esas presentaciones lo agarra migración, lo despojan de todas sus pertenencias y lo mandan para El Paso en Texas, de ahí lo pasan para El Salvador y perdimos comunicación con él, solo videos y fotos que divulgan en las redes sociales», relató el progenitor.
Su tío, Luis Duarte, refirió «mi sobrino, un muchacho trabajador, honesto, sano, dónde todos los vecinos lo quieren. Queremos tenerlo otra vez en la casa, disfrutando de sus locuras, riéndonos con él, lo extrañamos, queremos y amamos, sentimos un vacío inmenso, un gran dolor, queremos que pronto esté con nosotros. Estamos consciente que el Gobierno Nacional está haciendo lo humanamente posible para repatriar a nuestros muchachos, jóvenes trabajadores».
Exigió al presidente de El Salvador, Nayib Bukele, que se dé cuenta de que no todos son delincuentes, «quizás habrá uno, dos o tres delincuentes, pero no todos lo son, póngase la mano en el corazón y mándenos a nuestros muchachos».
El rechazo hacia esta situación no se limita a la familia; amigos cercanos, como Jorge Ramírez, respaldaron el carácter íntegro de Richard, describiéndolo como un migrante y no como un delincuente.
Asimismo, vecinos de la parroquia San Bernardino, dónde reside el joven, se unieron en rechazo a esta medida arbitraria que ha generado preocupación y en el pueblo venezolano, al tiempo que lamentaron la difícil situación que enfrentan los migrantes venezolanos, por lo que exigieron justicia.
Desde cada rincón de nuestra querida Venezuela, se eleva un clamor que resuena como un himno de esperanza y solidaridad. Es la voz de un pueblo que no olvida, que lucha por sus hijos, hermanos y amigos que han llevado la esencia venezolana más allá de nuestras fronteras. Estos valientes migrantes, forjados en la adversidad y guiados por un sueño de prosperidad, encarnan el espíritu resiliente de nuestra nación.
Hoy, los corazones venezolanos laten al unísono, con una solidaridad que no conoce fronteras. Porque defender a nuestros valientes migrantes es defender lo que somos, lo que hemos sido y lo que aspiramos a ser. Y aunque los caminos de muchos sean inciertos, que nunca olviden que su patria los recuerda, los apoya y los espera con los brazos abiertos.
Que este clamor por justicia, respeto y dignidad siga creciendo hasta tocar cada rincón del mundo. Porque somos un pueblo valiente y solidario, y juntos, seguiremos alzando nuestras voces hasta que la esperanza se convierta en realidad.
Venezuela, como madre amorosa, no permitirá que sus hijos sean olvidados o tratados con indiferencia, cada acción solidaria, cada palabra de apoyo y cada paso dado hacia la justicia, son testimonios del amor y la unión que nos define como pueblo.
VTV/RIRV/CP